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Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros. (Groucho Marx)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Imperativo moral.


Eso de jurar o prometer por imperativo legal no deja de hacernos gracia aunque basta con detenerse un momento y observar quien lo hace, para que en absoluto nos sorprenda tal gilipollez. No podría ser menos viniendo de quien viene.
Uno de esos fue precisamente el de Amaiur, Xabier Errekondo, Javier Redondo en su época de jugador de Balonmano quien por cierto, ni renunció entonces ni hizo uso de la formulita en cuestión para negarse a representar a la Selección Nacional en ninguna de sus convocatorias. La pasta es la pasta.
Aquí no hay imperativo alguno, o juras o no juras, o prometes o no, pero eso de amparar la promesa en la justificación de hacerlo entre la espada y la pared nos parece de broma. O si, o no, no se puede estar un poco preñada, ni aquí ni en el Congo.
La cosa está clara, para chupar de la teta tienes que prometer o jurar, o lo haces o te vas a mamar del pezón de la Cibeles, así de claro, así debería de ser, si quieres el chollo empieza por jurar o prometer el tocho en cuestión y déjate de monsergas que no tenemos el chichi para ruídos pero claro, "estepaís" es así.
España es de chiste, hace unos días hemos sabido y conocido de un revolucionario activista a más o poder del 15-M, un rastafari de guitarra en mano, un greñas de tres pares de ovarios, un gallo que pone a parir al sistema, que raja sin parar de la banca, que se muestra orgullosísimo de la muerte de ser seguidor de Lucio Urtubia  el "albañil anarquista", un voceras contra la pobreza y la injusticia social, uno de los de "un desalojo, otra ocupación" y resulta que luego nos enteramos que gracias a sus conocimientos hackerianos trabaja en el Departamento de Seguridad Informática en uno de los cuatro grandes bancos nacionales cobrando más de cuatro mil pavos al mes, así cualquiera, ¿En qué quedamos? Pues eso, un gilipollas, un hipócrita más.
Los pagainfantas que constituyen la sufrida ciudadanía de "estepaís" no puede consentir por parte que de quien compone la mandamasía, de quien se sienta entre los mantenidos, quien disfruta de los privilegios que otorga tal exclusividad y de quien de la noche a la mañana forma parte de los prebostes del Estado, ni el más mínimo gesto de arrogancia, soberbia e hipocresía y si así fuera…, a mamarla en la Cibeles.
Estamos a lo que estamos y como no podría ser de otra manera, esto lo redactamos por imperativo moral.
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