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Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros. (Groucho Marx)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

"Estepaís"


Estepaís es así, paraíso de putas y zapatones, de mangas verdes, abuelas que paren, gustos escritos, meones que no echan gota, Abundios que cunden, mentirosos de patas largas, dedos en llagas, malos entendedores, duros a peseta, lágrimas de cocodrilo, gatos por liebre y delirios de fiebre.
Estepaís, de miel y hiel, de oro que no reluce, oídos sordos, mierdas inodoras, moscas en boca cerrada, dichos sin hechos, hechos sin trechos, bichos malos, malas hierbas, mudos que otorgan, cuarentas de mayo y parias que dan el callo.
Estepaís, de tramposos en ley, de clavos ardiendo, viejos y zorros, sabios y diablos,  de aguas imbebibles, rey tuerto, Juanes Palomo, huidos a Sevilla, pájaros en mano, sombras que cobijan, gatos pardos, promesas olvidadas, amores reñidos, ojos que no ven, viruelas a la vejez, monas de seda, gallos que no cantan, pan con pan y perros ladradores.
Estepaís, Taifas de necios, de locos con su tema, de hechos sin pecho, panes y gorriones, de a Dios rogando, de los últimos que ríen, de nueces sin ruido, cerdos sin San Martín, chorizos y ladrones con mil años de perdones, abarcadores que aprietan, palabras en el viento, corredores que vuelan, listos que no reparten, Pedros por su casa, caballo regalado y mira para otro lado.
Estepaís, de habas sin cocer, crianza de cuervos, ganancia de trincadores, ladrones sin condición, sordos que oyen, liebres que saltan, rotos sin descosido, prevenidos no curados, leones que no pintan, llorones que no maman, burro grande, perro flaco, gato sin escaldar, zapatero sin zapatos, tiempos sin sitio, soñadores con pan, puentes de plata, dulces que amargan, ríos que no suenan, monedas de dos caras, sarnas que no pican, perros de hortelano, malos conocidos, dudas tetudas, barbas a remojo, esclavos del silencio, de ojos sin ojo y la puta por rastrojo.
Estepaís, tierra sin profetas, de cornudos apaleados, de ajos que no pican, palos sin vela, grano sin compañero, piedras en el tejado, tazas de caldo, males que vienen bien, tiempos que no curan, calma sin tempestad y gente caliente..., que se ríe de la gente.
Estepaís es así, de mal de muchos, de agua pasada, ande yo caliente, pan sin cebolla, locos sin tema, de dame pan y aves en cazuela,  así es "estepaís".

lunes, 14 de septiembre de 2015

Crema de karité.


Desde que un gel nada íntimo me descojonara literalmente las partes blandas ando un pelín irreverente, vamos que no aguanto un roce por la zona y menos si me viene untado en hipocresía o ambigüedad.
No hace ni tres días miles y miles de teutones se manifestaban escoltando el paso de los inmigrantes sirios lanzándoles aromáticos pétalos de rosas, gominolas sin azúcar y caramelos sin gluten. Ayer, ni Schengen ni pollas, cierre de fronteras.
El mismo día y como yéndoles la vida en ello, otros cuantos miles y miles de gabachos repiten tan caritativo gesto mientras un coro de niños guapitos y bien nutridos ellos les cantaba el "Non, je ne regrette rien", preciosa canción por cierto. Curiosísimo en un país donde la mitad de sus parias vota a la extrema más allá de la derecha, muy curioso, tanto como cómico y farisaico.
En el Madrid de los Austrias, su benévola, magnánima y bondadosa alcaldesa promete pasta gansa, techo blanco, ropa nueva y rica comida a todo sirio viviente mientras a sus pagainfantas los bancos les dejan en la puta calle por no pagar la hipoteca, su policía les clava seiscientos boniatos por rebuscar en la basura y duermen en la misma cama, juntitos, con pijama de felpa y bajo siete mantas por no tener para calefacción. Que bonito.
Y así por cualquier ciudad, pueblo y villa de la superchachi y megademocrática europa occidental. No sé, igual es por la terrible irritación que el gel asesino ese originó en mis partes blandas pero "pa" mí que la cosa no es así, que esa gente no viene de visita ni a tomar café, que toda esta masa humana viene huyendo de unos hijos de la gran puta que rebanan el cuello, queman vivos a la gente y decapitan frente a las cámaras al que se les ponga por delante en nombre del alá ese de los huevos, que toda esa gente viene para quedarse y no tenemos habitaciones libres y que igual y solo igual, lo que habría que hacer es erradicar el motivo de su huida, liarse la manta a la cabeza y en nombre de la defensa de la vida ir para allá y erradicar de la faz de la tierra a todo moro con barba, turbante y rifle en la mano que se encuentre al paso. Lo demás, hoy son pamplinas que mañana nos pueden pasar factura. 
Por cierto, tú que me lees, ten cuidado con los geles nada íntimos, te puede pasar como a mí y si eso…, manteca, crema de karité. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Se llamaba Aylan.


Se llamaba Aylan y tenía tres años. Es una imagen que parte el alma, una foto terrible que mañana será olvidada, un drama con el que hay que terminar y hacerlo ya. Era un niño culpable de su inocencia, de su afán por jugar, vivir y disfrutar como cualquier otro niño de su edad, era un niño reo de su nacionalidad, del pánico a morir degollado, del horror sembrado por un imaginario estado de mierda que no es sino el irracional, salvaje y criminal fanatismo de una secta, religión o lo que sea esa mierda islámica.
No hay solución contra la maldad, hay que acabar con esa crueldad, hay que arrasar la depravación de la faz de la tierra, hay que eliminarlos y hacerlo sin miramientos, sin pensar, sin dudar, hay que alzarse, coger las armas y rebelar las almas, hay que defender la vida con la muerte, hay que matar para dejar vivir, sin miramientos, sin reparos, sin complejos.
Se llamaba Aylan y tenía tres años, ha muerto huyendo de la muerte, del terror indiscriminado, de las bombas generalizadas, del degollamiento colectivo, de la intolerancia y lo intolerable, de la daga fácil de unos malnacido asesinos.
Hay que hacerlo y hacerlo ya, hay que acabar con ellos, con la muerte segura, con el pánico, con la huida hacia la vida, con la miseria, la desgracia y los muertos en la orilla.
Hay que hacerlo por ellos, por todos. 
Solo era un niño, se llamaba Aylan y tenía tres años.