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Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros. (Groucho Marx)

jueves, 24 de diciembre de 2015

A pesar de los pesares


A pesar de nosotros mismos, de la corrupción, el trinque y la omisión, del rencor y el enfrentamiento, a pesar de una guerra inacabada 80 años después, a pesar de los mamateta, los independentistas a medias, el pestazo asesino, a pesar de los pesares, somos España, el país ideal, el mejor lugar del mundo.
A pesar de güayomines, toledos y bardenines, podemistas y bildutarras, zapateros y rajoyeros, ratos y ritas, sindicalistas capitalistas, rencorosos, fachas e izquierdosos, a pesar de los chorizos, mangantes y envidiosos, evomoralianos y perroflorianos, maduros y chavistas, catetos y coletos, vagos y ninis, gilipollas y acomplejados, a pesar de tanto chulo con boina y tanto cerdo de dos patas, a pesar del pepesoe somos España, un país insumergible, envidiado y envidiable, con una historia de valor, cultura y heroísmo, cuna del orgullo, la raza y el honor, a pesar de todo somos el mejor lugar del mundo, a pesar de nosotros mismos, a pesar de los pesares.
A pesar del paso somos lo que somos, el país con más kilómetros de vías férreas de alta velocidad por habitante, el país con la mejor y más completa red de autovías, el único país con un sistema sanitario integral gratuito del mundo, con más ayudas sociales, modelo de diversidad, con una gastronomía impresionante, un patrimonio histórico alucinante, un clima envidiable y como dice mi amigo Toñín... somos el único país del mundo donde hay que decir "paaaara ya" al camarero que nos sirve el gin antes de echar la tonic, somos España!. A pesar de los pesares.
Sólo hay que ver para saber, darse una vueltecita por fuera, mirar y comparar, países tan chuliguachis como Francia, Inglaterra o Italia donde no existen las autovías gratuitas, donde se paga por ver y no digamos mirar, países tan cacareados como los nórdicos donde para poder ir a urgencias tienes que justificarlo pasando doscientos mil filtros telefónicos o te clavan ochocientos del ala por un esguince, otros como los "iuesei" donde ... o tienes seguro privado o cascas el huevo en la puerta y no pasa nada mientras que eso no pasa en España.
Es lo que es y somos lo que somos, un país de ironía histérica, un país con más antifranquistas que nunca, de complejos y acomplejados, de floreros en un senado inane, de partidos en el gobierno que no quieren ser gobernados, de traidores renegados y humildes infravalorados, de palabrota de antipatriota, de parias sin orgullo, minusválidos intelectuales, sinvergüenzas, avergonzados y asesinos en político camuflados.
Eso lo que hay, pero a pesar de todo, a pesar de nosotros mismos somos lo que somos, el mejor lugar del mundo para vivir, digan lo que digan, a pesar de la boina y pesar de los pesares, somos España.
Feliz Navidad.

viernes, 11 de diciembre de 2015

El derecho a odiar.


Seis meses después de asesinar a veintiún personas en Barcelona, el 11 de Diciembre de 1987 las cobardes ratas etarras lo volvieron a hacer, repitieron machada atentando mediante un coche bomba cargado con doscientos cincuenta kilos de amonal contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, lo volaron causando once muertos y ochenta y ocho heridos.
De aquellos once ataúdes, cinco eran blancos, dos gemelas de tres y otras tres niñas de seis, siete y doce años los ocupaban.
El dolor no vacía la memoria, aquellas horribles imágenes son marcas imborrables del alma, son recuerdos hoy removidos por las arcadas que producen las declaraciones de determinados personajes que solo conservan la memoria histérica que les interesa, famosillos elementos del twitter surgidos de la nada, creciditos políticos, perroflojos y soplaflautas venidos a más gracias a la miseria y desesperación ajena que carentes de escrúpulos, respeto y decoro alguno se permiten reclamar la libertad y salida de prisión de los "presos políticos" que regaron España de sangre inocente.
Malditos prebostes de estómago agradecido, perversos, detestables e indignos chupabotes, cobardes de vista corta que amparados en un odio inusitado, un rencor indisimulable y la ambigüedad de una ideología mimetizada entre la ultraizquierda más casposa y desfasada, reclaman sin complejo alguno derechos humanos para quién arrancó de cuajo la vida de cientos de personas con un argumento tan injusto como injustificado, tan absurdo como ridículo y con un método de lo más  alevoso y cobarde. Como si nada hubiera pasado.
No es posible, no hay forma. La gente de honor también tenemos derechos, tenemos el derecho a no olvidar, tenemos derecho al rencor, a maldeciros, a desearos la peor y más lenta y dolorosa de las muertes, a reclamar la putrefacción de vuestras almas en el más asqueroso de los olvidos, a exigir el respeto que merecen las víctimas, a llamaros hijos de puta por vulnerarlo.
Yo me reservo un derecho, un derecho que nadie me podrá privar jamás, el derecho a odiaros en defensa propia, a odiaros hasta la muerte.